domingo, 5 de junio de 2016

La letra Ñ no se trata de una “n” con virgulilla (1)

Ñ
La letra que no se enteró de lo que sucedía a su alrededor  

Theory the Iberian acronyms
RPI: B-3851-14

Por Enrique Cabrejas

Apreciados Srs.;

Me complace poner en su conocimiento y a través de este comunicado que la letra Ñ que, como bien saben, se trata de la decimoquinta letra del alfabeto español, ha tenido hasta ahora su verdadera identidad extraviada. Felizmente logré diagnosticar sus rasgos y distingos confirmando qué letra es realmente la duodécima consonante y recuperarla para su estudio.

Con el sugerente enunciado “La letra que no se enteró de lo sucedía a su alrededor”, lógicamente es un modo afable de cargar las tintas sobre el elemento y disculpar a quienes deberíamos habernos dado perfecta cuenta y con exactitud plena de la auténtica identidad de este ente, a la vez que un medio metafórico de explicar una anormalidad gramatical y semántica que, como se verá, durante años ha envuelto enmascarada a esta singular consonante. Vaya por adelantado mi simpatía y afecto personal por esta admirable letra “eñe y por tanto mayor causa de interesarme por ella.

Verán, si bien es cierto que todas las letras son representaciones gráficas de una lengua que es hablada, el caso particular que nos ocupa, excepcionalmente, es el resultado de una insospechada confusión: La letra Ñ no se trata de una “n” con virgulilla como se ha tenido por más cierto, sino de otro carácter distinto y como producto de una subsiguiente vocal consonantizada. En realidad, proviene de la conjunción ibérica í que significa suma o total. Pero entonces ¿suma de qué? Pues, de la vocal “i” + acento circunflejo. En otras palabras, nuestra letra “eñe” es homóloga a la letra griega “” (eta acento circunflejo). Dado que originalmente no fue España, año, Iñesta, etc., sino que fue Espaa, ao, Iesta, etc. La razón fundamental para el desacierto, probablemente, es que el elemento al sonar fonéticamente como una consonante nasal (sonora) palatal [ɲ] presumieron que en el castellano la letra “n” abolida todavía permanecía, sin advertir que en realidad se trata de la correlativa vocal consonantizada / î /. Para ser más exactos, su origen se encuentra en un auténtico fósil lingüístico que lo confirma. Mírenla ¿no les parece castiza esta magnífica “i” ibérica í responsable de nuestra letra Ñ y que en castellano antiguo era equivalente a la letra helena “-ήτα περισπωμένη-. Y es que nuestro idioma no sólo se caracteriza por un peculiar yeísmo sino además por un inadvertido ñeísmo. Me hago cargo de que esta afirmación les deje perplejos, no puede ser de otro modo; voy a transmitirles una epistemología que ha estado inédita durante miles de años. Esta teoría del conocimiento tiene un razonamiento que puedo sustentar empíricamente.

LA VOCAL “ῆ” CONSONANTIZADA

La afirmación de que el idioma español proviene del latín vulgar y dado por cierto en la historiografía oficial es un monumental error. Esta teoría está sustentada en una ilusión óptica, ya que lo que el ojo ve, la mente lo cree. A todas luces parece latín, pero... créanme, no lo es. Es puro ilusionismo. Nuestra lengua la vemos escrita con caracteres latinos y por tanto, suponemos que fue razonada igualmente en latín pero, miren, fue pensada de otro modo. Fue construida con una escritura ibérica y fundamentada en una filosofía del lenguaje de origen heleno anterior.




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